TRABAJADORES SOCIALES QUEMADOS:SÍNDROME DEL BURNOUT.

 

 

Todos hemos escuchado en infinidad de ocasiones a amigos, compañeros, familiares decir que están quemados en su trabajo; incluso nosotros mismos probablemente lo hayamos dicho en alguna ocasión. Sin embargo, la mayoría de las veces es solamente una “ forma de hablar” para referirnos a que estamos cansados, en desacuerdo con alguna cuestión del trabajo, con exceso de trabajo, algún problema con algún compañero, etc. El verdadero hecho de “ estar quemado” o de sufrir el síndrome del burnout es mucho más que eso, y sobre ello me gustarïa hacer hoy una pequeña reflexión desde la propia experiencia.

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El término burnout se refiere a un cuadro de desgaste profesional que fue descrito por primera vez en 1974 en Estados Unidos por el psiquiatra Herbert Freudenberger, tras su experiencia como voluntario en una clínica de desintoxicación en Nueva York; observó que los trabajadores experimentaban, al cabo de aproximadamente un año de trabajo, ciertos cambios de actitud hacia el trabajo:
– Progresiva pérdida de energía.
– Desmotivación por el trabajo.
– Cambios en el comportamiento hacia los pacientes: más distantes, con menor sensibilidad y comprensión, etc
– Síntomas de ansiedad y depresión.

Definió el término burnout como un conjunto de síntomas médico-biológicos y psicosociales inespecíficos, que se desarrollan en la actividad laboral, como resultado de una demanda excesiva de energía.

La psicóloga Christina Maslach oficializó el término burnout al exponerlo públicamente en el Congreso Anual de la APA ( Asociación Española de PsicologÍa ) de 1976, definiéndolo posteriormente en el año 1981 como “ Un síndrome tridimensional caracterizado por agotamiento emocional, despersonalización y baja realización personal, que puede ocurrir entre individuos que trabajan en contacto directo con clientes o pacientes”.

Conforme se ha ido investigando sobre el tema, son muchas las definiciones al respecto y también varias las denominaciones propuestas para definir dicho síndrome. Como podréis comprobar el término más usado es el inglés Síndrome del Burnout o su traducción literal síndrome de estar quemado. A mí personalmente me gusta mucho más la denominación a SDP, Síndrome de desgaste profesional, porque creo que define muy bien el sentir de una persona que lo sufre.
Uno comienza a sentirse distinto poco a poco, sin saber muy bien cuál es el motivo, no hay ninguna causa principal lo suficientemente importante como para achacarle esos pequeños cambios, simplemente vamos modificando nuestra forma de ser, de pensar, de actuar, etc. A veces lo achacamos al hecho de que todos tenemos “ rachas malas”, la “astenia primaveral” el “ síndrome postvacacional”, la llegada del otoño y las primeras lluvias que nos ponen tristes y “ morriñentos” como decimos en mi tierra. Pasa el tiempo y ese estado de alteración, esos sentimientos de tristeza y apatía se instauran en nuestro dÍa a día, casi sin darnos cuenta, y ya los percibimos como propios; hemos cambiado, lo percibimos, pero nos “hemos acostumbrado” a vivir así y no lo cuestionamos; nuestros amigos y compañeros nos dicen que hemos cambiado, que antes no éramos así, y los cambios de humor se suceden, y nuestra actitud hacia la vida ha cambiado. Llegado ese momento quizá, y con un poco de suerte, nos demos cuenta de que realmente algo nos está pasando, aunque no sepamos lo que es. Además, ir a trabajar se nos hace un mundo, levantarnos cada mañana supone un esfuerzo sobrenatural, en el trabajo no conseguimos concentrarnos, con lo que el trabajo se retrasa cada vez más ( como si ya no estuviera retrasado), estamos irascibles con los compañeros, no soportamos a nuestros usuarios, paciente o clientes,…
Aún así nos costará reconocer que podamos estar enfermos, si, enfermos, esa es la palabra, porque aunque no tengamos ninguna enfermedad tangible que se pueda demostrar con pruebas físicas ( una radiografía, una ecografía, un análisis, etc) y que tampoco tengamos dolor en alguna parte de nuestro cuerpo, ESTAMOS ENFERMOS.

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El burnout es por tanto un problema de salud que afecta seriamente a nuestra calidad de vida, no sólo laboral, sino también personal. Recordemos que somos seres bio-psico-sociales. Es un tipo de estrés crónico que el propio CIE 10 recoge en su capítulo V, referente a los trastornos mentales y del comportamiento.
Se caracteriza básicamente por tres elementos:
– Agotamiento emocional: fatiga a nivel físico, mental y emocional, irritabilidad, malhumor, insatisfacción laboral, etc.
– Despersonalización: deshumanización, insensibilidad hacia los usuarios o pacientes, pasando a convertirse éstos en números.
– Baja realización personal: como consecuencia de los dos elementos anteriores, el profesional se siente frustrado y con muy baja autoestima.
Para comprobar si estamos sufriendo un SDP, existen diversos cuestionarios que nos pueden dar una pequeña orientación al respecto, y servirnos quizá como empujón para pedir ayuda y superar la situación. Uno de los más utilizados es el MBI ( Maslach Burnout Inventory) elaborado por Maslach y Jackson para evaluar la presencia del síndrome del burnout. El cuestionario mide, a través de diversas preguntas los tres elementos básicos del burnout que he mencionado antes: agotamiento emocional, despersonalización y baja realización personal. En ese momento yo empecé a darme cuenta de que algo grave estaba pasando y negarlo no ayudaba a solucionarlo.
Puntuaciones altas en los dos primeros elementos y bajas en el tercero indican un claro SDP, cuanto más altas y bajas respectivamente más grave es la situación. Si por el contrario, las puntuaciones son bajas en los dos primeros aspectos y altas en el tercero, estamos ante una buena situación, sin síntomas de burnout.

Se dice que el síndrome del burnout es más frecuente en profesionales que trabajan con personas y además con funciones de ayuda o apoyo. Hemos dado en el blanco, los trabajadores sociales somos una de las profesiones que reunimos a la perfección estos requisitos. Por ello no es frecuente encontrar compañeros de profesión literalmente “quemados” con su trabajo. La situación actual de crisis que aún estamos sufriendo (digan lo que digan los políticos) no ayuda. Las personas con necesidad de apoyo y ayuda han aumentado pero los recursos públicos han disminuido. Y no hablo solamente a nivel económico, eso es solo la punta de un enorme iceberg.

Es importante por lo tanto analizar cuáles son los factores que provocan la aparición de este síndrome en la población.
Siguiendo a Marisa Bosqued en su libro “ Quemados. El síndrome del burnout”, se pueden distinguir diversos factores causantes de la situación. Los agrupamos en factores organizativos, factores personales y factores socioculturales. Es importante señalar que no todos los factores tienen la misma importancia a la hora de provocar un SDP. Los factores personales son facilitadores, sin embargo los organizativos son desencadenantes. ¿Y esto qué significa? Muy sencillo, con la existencia de factores personales pero no de tipo organizativo, raramente aparecerá un síndrome del burnout, Al contrario es más que probable y si ya encontramos ambos factores entonces lo raro sería que no se produjese.
Veamos la diferencia entre ellos.
1.Factores organizativos.
– Sobrecarga de trabajo.¿ A alguien le suena?
– Falta de medios para realizar el trabajo. ¿ Anda, que será eso?….
– Contacto continuo con las emociones de los demás y su dolor. También me suena.
– Falta de participación de los profesionales en la toma de decisiones.
– Falta de definición del rol profesional. De esto quizá tenemos gran culpa nosotros….
– Falta de control sobre el propio trabajo.
– Clima socio laboral existente en la empresa. Influye…. Y mucho
– Carencia de apoyo y reconocimiento. Agradecer el trabajo bien hecho estaría bien…
– Falta de retroalimentación.
– Conflicto de roles.
– Etc.
2. Factores personales.
Son determinadas características personales y actitudes en el trabajo y la vida en general que, como he dicho, por sí solas no provocan la situación no pero sí la favorecen. Entre ellas podemos destacar: idealismo, alto nivel de exigencia, habilidades para afrontar el estrés, excesiva autocrítica, situaciones estresantes en la vida personal, pensamiento dicotómico en términos de “ todo o nada”, etc.
3. Factores socioculturales.
Aportan su granito de arena a la situación. Destacan por ejemplo el hecho de que la sociedad demanda cada vez más la actuación de los profesionales de ayuda ( médicos, enfermeros, trabajadores sociales, psicólogos, policías….) y además se les exige, aunque sea de forma indirecta, una mayor implicación emocional en su trabajo; por otro lado estos colectivos profesionales son cada vez más criticados y cuestionados “ la sanidad no funciona”, “ la policía no hace su trabajo”, etc.

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En conclusión, todo influye, aunque algunos factores son claramente facilitadores de una situación de SDP. Ahora es momento de que pensemos y reflexionemos sobre todo ello y saquemos nuestras propias conclusiones. Yo, personalmente me he identificado mucho con las situaciones planteadas.
Es importante tener claro que cuando un profesional llega a una situación se burnout, es necesario hacer un alto en el camino y tomarse el tema en serio, pedir ayuda y ponerle solución. No seremos buenos profesionales si nosotros mismos no estamos en condiciones de ejercer nuestro trabajo.

 

 
Os dejo algún enlace sobre el tema.
http://www.psicologia-online.com/movil/ebooks/riesgos/anexo15.shtml

https://www.uam.es/gruposinv/esalud/Articulos/Salud%20Laboral/validacion_cbb.pdf

http://www.insht.es/portal/site/Insht/menuitem.1f1a3bc79ab34c578c2e8884060961ca/?vgnextoid=befc9463eba2c210VgnVCM1000008130110aRCRD&vgnextchannel=db2c46a815c83110VgnVCM100000dc0ca8c0RCRD&page=2

http://portal.ugt.org/saludlaboral/observatorio/fichas/FichasObservatorio%2042.pdf

http://www.contenidos.campuslearning.es/CONTENIDOS/364/curso/pdf/FICHA-PDD-U4-A5-D1-PDF%20N%C2%BA%201.pdf

Día mundial de la salud mental

Este lunes 10 de octubre se celebró el día mundial de la salud mental. Con la campaña “ Yo no tengo prejuicios,¿ tú sí?, impulsada por Feafes Galicia muchos de los gallegos ( y no gallegos por supuesto) tuvieron la oportunidad de colaborar y poner su granito de arena a favor de las personas con enfermedad mental.

Aprovechando la ocasión me gustaría compartir con vosotros un comentario y a la vez reflexión sobre una anécdota que compartió conmigo una compañera, también trabajadora social y que guarda mucha relación con la campaña de Feafes.
A la salida de su trabajo, ( en un centro de rehabilitación para personas con enfermedad mental) se le acercó un hombre, que la apartó hacia el lado, le mostró una placa ( indicándole que era de la policía secreta) y le pregunto si había visto a un hombre que identificó con nombre y apellidos. Le informó que se trataba de una persona muy peligrosa,enfermo mental, con” mirada de loco”, que había intentado matar a alguien.
Esta situación me hace plantearme al menos dos cuestiones sobre las que reflexionar; por un lado, los estereotipos y prejuicios sobre las personas con discapacidad y/o enfermedad mental y por otro la formación que reciben las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado.

1.- Prejuicios y estereotipos

Recordemos antes de nada el significado dichos conceptos:

Estereotipo: Según la definición que recoge la RAE un estereotipo es una imagen estructurada y aceptada por la mayoría de las personas sobre un determinado colectivo. Esta imagen se forma a partir de la Concepción estática sobre las características generalizadas de los miembros de esa comunidad.
Los estereotipos pueden ser de tipo social, cultural, racial. Destacar que normalmente los estereotipo suelen formarse uniendo estas tres características, por lo que resulta muy difícil separar unos de otros.
Pueden ser positivos o negativos pero lo más habitual es que sean negativos.

Prejuício: Es la acción y efecto de prejuzgar, es decir, juzgar las cosas antes de tener un cabal conocimiento o antes del tiempo oportuno. Es por lo tanto una opinión previa sobre algo que se conoce poco y mal.

Estigma: Es el,comportamiento, rasgo o condición que posee un individuo y genera su inclusión en un grupo social cuyos miembros son vistos como inferiores o inaceptables.
Relacionado con la enfermedad mental estigma es la etiqueta que se le aplica al individuo que padece una de ellas.

Volvamos ahora al comentario que le hizo el policía a mi compañera. “ Enfermo mental con mirada de loco” ¿Que quiso decir exactamente? ¿Acaso las personas con enfermedad mental no tienen dos ojos como todo el mundo? ¿ Que necesidad había de añadir a la etiqueta de enfermo mental, otra más, mirada de loco? No presencié la escena, por lo tanto no puedo saber el tono de sus palabras, y evidentemente no voy a aventurarme a suponer cuál fue, porque estaría precisamente cayendo en esa…..¿fea costumbre?, (por decir algo,suave) , de opinar sobre lo que no conocemos ( dicho sea de paso, muy común en nuestra sociedad)..

La cuestión es que me he parado a pensar en cómo están interiorizadas en nuestro lenguaje determinadas palabras, frases hechas y expresiones.
El lenguaje que utilizamos está cargado de simbolismo, esconde valores, actitudes, estereotipos y prejuicios que están presentes en todos nosotros.
Por ese motivo debemos hacer un buen uso del mismo en nuestra vida cotidiana y más aún en el desempeño de nuestra labor profesional. De lo contrario, estamos contribuyendo a que los estereotipo permanezcan en la sociedad y fomentando el estigma social de muchos colectivos.

2.- La formación de los profesionales de cuerpos y fuerzas de seguridad del estado.

La intervención del cuerpo de policía y guardia civil con personas con discapacidad intelectual y/o enfermedad mental, es relativamente habitual, bien sea como víctimas o como infractores de un delito o falta. Por lo tanto, la cuestión es la siguiente:
¿Tienen formación específica estos profesionales sobre las personas con discapacidad y/o con enfermedad mental? ¿Existen unidades específicas para su atención?
Esto es lo que he encontrado en las respectivas webs oficiales de la Policía y da la Guardia Civil.
El cuerpo nacional de policía, concretamente la policía judicial, cuenta con una unidad de atención a la familia y a la mujer, que se encarga de:
1.- Violencia doméstica
– violencia contra los menores
– Violencia entre hijos y padres
– Violencia de pareja
– Violencia contra las personas mayores
– Violencia contra las personas con discapacidad
2.- Violencia de género
3.- Violencia sexual

Adscrito también a al policía judicial está el GRUME (Grupo de menores) dentro de cada una de las brigadas provinciales.

La Guardia Civil cuenta con el EMUME, equipo de Mujer-Menor, de lucha contra la violencia de género y la ejercida contra los menores.
– Violencia en el entorno familiar, de cualquier tipo
– Delitos contra la libertad sexual
– Delincuencia juvenil
– Tráfico de seres humanos
– Pornografía infantil

Como podéis ver, se incluyen las personas con discapacidad en la unidad específica de la Policía, pero no en el caso de la Guardia Civil. Aún así, se incluyen como víctimas, pero no como actores del delito.
Mi pregunta es ¿ se puede tratar igual a una persona que comete un delito si tiene una discapacidad intelectual o una enfermedad mental? No se pretende que se les exculpe, ni que se les trate mejor que a los demás, simplemente que se debe tener en cuenta su situación. Muchos son detenidos sin las debidas garantías, se les toma declaración sin la presencia del tutor ( en caso de personas incapacitadas); muchas de ellos han cometido el delito en una situación de descompensación de su enfermedad, sin ser muy conscientes de lo que ha sucedido, se les lleva a un calabozo en lugar de a un hospital, etc.
Y aquí entran en juego de nuevo los prejuicios y estereotipos, como por ejemplo, que los enfermos mentales son agresivos y violentos, que no se pueden recuperar nunca, etc.
Me parece importantísimo que los cuerpos de seguridad del estado tengan una formación específica en estas materias, para poder desempeñar su labor con profesionalidad. Esta formación contribuiría en gran medida a desterrar muchos prejuicios sobre las personas con enfermedad mental y otras discapacidades.
Desconozco si existe un plan de formación desde el ministerio u organismo responsable, pero si no lo hay, creo que deberían ponerlo en marcha.

Me uno a la campaña de Feafes –Galicia “ Yo no tengo prejuicios, ¿ tú sí?

Os dejo el link al spot publicitario de la campaña de Feafes Galicia.


Más información en http://www.feafesgalicia.org

El derecho a voto de las personas incapacitadas judicialmente

Aprovechando que el pasado domingo hubo elecciones en Galicia y Pais Vasco, hoy me gustaría escribir sobre el derecho al voto de un colectivo yo diría que “olvidado” o ” invisible” para los que se supone se dedican al servicio público (es decir, los políticos). Ese colectivo son todas aquellas personas incapacitadas judicialmente.

Comencemos por recordar que el derecho al voto está recogido en la Declaración Univesal de los Derechos humanos( art. 21), en la Constitución Española( art. 23 y 49) y también en la Convención de la Organización de las Naciones Unidas sobre el derechos de las personas con discapacidad ( art. 29), firmada en Nueva York el 13 de diciembre de 2006( Ratificada por España el 21 de abril de 2008.   También recoge el derecho al voto la Ley  General de Derechos de las Personas con Discapacidad y de su inclusión social ( art. 6 y 53 del RD Legislativo 1/2013 de 29 de noviembre).

Por otro lado la Ley Orgánica del Régimen Electoral General ( LOREG 5/1985) regula el derecho al sufragio activo en su art. 2 y establece en el art.3 las excepciones al voto.

“Artículo 3
1. Carecen de derecho de sufragio:

a) Los condenados por sentencia judicial firme a la pena principal o accesoria de privación del derecho de sufragio durante el tiempo de su cumplimiento.

b) Los declarados incapaces en virtud de sentencia judicial firme, siempre que la misma declare expresamente la incapacidad para el ejercicio del derecho de sufragio.

c) Los internados en un hospital psiquiátrico con autorización judicial, durante el período que dure su internamiento, siempre que en la autorización el Juez declare expresamente la incapacidad para el ejercicio del derecho de sufragio.

2. A los efectos previstos en este artículo, los Jueces o Tribunales que entiendan de los procedimientos de incapacitación o internamiento deberán pronunciarse expresamente sobre la incapacidad para el ejercicio de sufragio. En el supuesto de que ésta sea apreciada, lo comunicarán al Registro Civil para que se proceda a la anotación correspondiente.”

Como podemos ver, el art.3.b deja bien claro que los declarados incapaces por sentencia judicial firme estarán privados del derecho al voto solamente en el caso de que se cumpla una condición  bien clara: que la sentencia en virtud de la cual se declara la incapacidad lo declare expresamente.

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La declaración de la incapacidad supone tener en cuenta situaciones tan variadas como variadas son en la realidad las limitaciones de las personas afectadas, siendo necesario tener en cuenta además, el contexto en que se desarrolla la vida de cada persona. Como ya ha manifestado el del Tribunal Supremo, se trata de confeccionar un“traje a medida ” que precisa de un conocimiento preciso de la situación en que se encuentra esa persona y valorar en qué medida puede cuidar de sí misma o necesita alguna ayuda; si puede actuar por sí misma o si precisa que alguien lo haga por ella, para algunas facetas de la vida o para todas, hasta qué punto está en condiciones de decidir sobre sus intereses personales o patrimoniales, o precisa de un complemento o de una representación, para todos o solamente algunos de los actos de su vida diaria.

Entonces nos preguntamos: y ¿qué sucede si la sentencia no menciona nada al respecto? Es de sentido común pensar que en ese caso la persona incapacitada podría ejercer su derecho al voto. En la teoría si, por supuesto, en la práctica no siempre.

¿Y qué pasa cuando la incapacidad es parcial y afecta solo a determinados ámbitos de la vida de la persona ?( por ejemplo al tema de la salud, al tema económico y patrimonial, etc). No es lo mismo la figura de un tutor que la de un curador, sus funciones con respecto al incapacitado no son las mismas.

La gran mayoría de las sentencias judiciales de hace algunos años no se manifestaban expresamente sobre el derecho al voto, y tampoco se comunicaba  la incapacidad a la oficina del censo electoral lo cual implica que muchos incapacitados siguen votando, quedando la duda de si realmente mantienen esa capacidad; por el contrario, otros muchos  no pueden ejercer su derecho porque, a pesar de que la sentencia no menciona nada al respecto, en algún momento, tras dictarse la sentencia se comunicó la incapacidad  a la oficina del censo electoral teniendo como consecuencia la pérdida del derecho al voto.

Desde hace algunos años es más frecuente ver que las sentencias se pronuncian expresamente sobre este derecho, siendo incluso habitual que recalquen que la persona incapacitada mantiene su derecho al voto. Pero aún a pesar de ello, son muy frecuentes los casos que ven restringido su derecho sin causa aparente.

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Cuando las sentencias declaran la incapacidad total, es más frecuente  es que el derecho al voto este restringido.  Todo lo contrario ocurre con las sentencias que declaran incapacidades parciales y nombran un curador, figura que deberá asistir al incapacitado en aquellas cuestiones que expresamente menciona  la sentencia; es estos casos, el sometido a curatela suele mantener su capacidad para votar ( hay excepciones, evidentemente).  Desde mi punto de vista, y por las sentencias que he visto últimamente,  donde más discrepancias podemos apreciar es en aquellas sentencias que declaran incapacidades parciales pero el sujeto queda sometido al régimen de tutela ( el tutor sustituye la capacidad del tutelado, no la complementa, como en el caso del curador). En estos casos, y aún a pesar de que la sentencia establezca que el incapacitado conserva el derecho de sufragio, en muchas ocasiones la incapacidad es comunicada a la oficina del censo electoral y como consecuencia, no pueden ejercer este derecho. Y la pregunta es, ¿ por qué?  Pregunta que nos hacemos los profesionales que trabajamos en este ámbito y pregunta que se hacen los propios interesados, que ven restringido uno de sus derechos fundamentales sin causa aparente ni justificada. Me atrevo a aventurar que los más probable es que sean ERRORES. Si, ” errores” al no leer la sentencia con detenimiento, dar por supuesto que como es una tutela será una incapacidad total y como consecuencia no podrá votar… Si, todos cometemos errores al hacer nuestro trabajo, somos humanos, pero creo que debemos reflexionar sobre ello; al fin y al cabo, esos “errores” están restringiendo a una persona sus derechos, una persona a la que en teoría se le incapacita para protegerla. No olvidemos que la tutela o la curatela son en definitiva figuras de protección del incapaz y que deben tenerse en cuenta las características personales y sociales de cada persona.

 

 

 

 

 

 

 

INCAPACIDAD CIVIL/JUDICIAL E INCAPACIDAD LABORAL

Hoy me gustaría aclarar el significado de dos conceptos muy similares para muchas personas, que en realidad muy poco tiene que ver entre sí.

Varias han sido las ocasiones en las que, en el desempeño de mi trabajo he tenido que explicar la diferencia entre ambos conceptos. En general, la gente asocia el término incapacidad al de invalidez, referido al ámbito laboral. Incapacidad como falta de capacidad para desempeñar un trabajo, lo que suele conllevar equiparada una prestación económica. Nada tiene que ver con el término incapacidad referida al ámbito civil o judicial.Veamos pues la diferencia,

En primer lugar, y para comprender bien ambos conceptos es necesario hacer referencia a otros dos términos que son la base para comprender de que estamos hablando.

Capacidad jurídica.
Todas las personas, por el solo hecho de serlo y desde su nacimiento tienen capacidad jurídica. La capacidad jurídica hace referencia a la capacidad natural que tiene toda persona para ser titular de derechos y obligaciones, y ser sujetos de relaciones jurídicas. Por ejemplo, ser propietarios de una vivienda, con la consiguiente obligación de pago de impuestos sobre la misma, posibilidad de realizar un contrato, ser titulares de acciones,posibilidad de heredar, etc.
Esta capacidad es independiente da la edad de una persona, de su estado civil y por supuesto, también de su salud mental o física.
Una persona con discapacidad o un menor también tiene capacidad jurídica.

Capacidad de obrar.
Hace referencia a la aptitud de un sujeto para poder ejercitar eses derechos y obligaciones de los que es titular. Se adquiere al alcanzar la mayoría de edad.
Esta capacidad solamente la tienen aquellas personas mayores de edad que no estén privadas de la misma, total o parcialmente, mediante la incapacitación. Supone un complemento a la capacidad jurídica, ya que para poder ejercitar los derechos y obligaciones de los que todos podemos ser titulares es preciso non estar privado de esta capacidad de obrar.
Las personas incapacitadas carecen de capacidad de obrar,lo que supone que, a pesar de, por ejemplo, ser titulares de una vivienda, no pueden firmar un contrato de alquiler o compraventa (sin la asistencia de otra persona, por carecer de dicha capacidad de obrar). No pueden sin más, ni con asistencia, eso sería una curatela. Si no tiene capacidad de obrar, no puede.

Una vez aclaradas estas dos cuestiones,podremos entender mejor la diferencia entre la incapacidad civil y la incapacidad laboral.
Incapacidad civil/ judicial

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Es una situación de hecho provocada por la existencia de una enfermedad física o psíquica de carácter permanente que priva a una persona da capacidad de obrar, total o parcialmente. La incapacitación solamente podrá declararse mediante sentencia judicial, después del correspondiente procedimiento. Se trata de una figura de protección de aquellas personas que no tienen la capacidad suficiente par adoptar decisiones adecuadas tanto en el ámbito personal como en lo referido a la administración de sus bienes.. En todo caso la incapacidad hay que entenderla desde un sentido positivo, ya que tiene como finalidad posibilitar que personas sin capacidad o con su capacidad mermada, puedan actuar a través dos sus representantes legales..

Incapacidad laboral.

Este término, a pesar de hacer también referencia a una incapacidad, nada tiene que ver con la incapacidad judicial. La incapacidad laboral hace referencia a la falta de capacidad de una persona para desempeñar un puesto de trabajo, normalmente derivada de una enfermedad, física o psíquica. Dicha enfermedad provoca en la persona una imposibilidad de realizar correctamente un determinado puesto de trabajo, o incluso la imposibilidad de realizar todo tipo de trabajo.


La incapacitación laboral no implica la incapacitación judicial, y tampoco en sentido inverso.
Una persona puede estar incapacitada para desempeñar un puesto de trabajo, e incluso percibir una prestación económica de incapacidad ( total, parcial o absoluta) si concurren los requisitos legales para ello, pero no tener afectada su capacidad de obrar.
Lo mismo ocurre en sentido inverso, una persona declarada incapaz por sentencia judicial, puede desempeñar un puesto de trabajo, si posee las habilidades laborales necesarias para el desempeño del mismo. Por ejemplo, es frecuente que personas con discapacidad intelectual, algunas de ellas incapacitadas judicialmente, desempeñen puestos de trabajo en empresas de inserción laboral, empresas de trabajo protegido y también en empleos ordinarios.

El porqué de este blog

Despues de varios años ya de experiencia como trabajadora social, he decidido hacer algo más que trabajar,trabajar y trabajar. Ha llegado el momento de reflexionar sobre el trabajo que hago.

Soy trabajadora social por vocación, siempre me ha gustado mi profesión y en todos los trabajos que he tenido siempre he intentado dar lo mejor de mi, como persona y como profesional. En todos he aprendido, en todos he cometido errores ( ¡y quien no!) y de todos he sacado experiencias positivas y por supuesto negativas.

El paso de los años y las experiencias vividas, tanto personales como profesionales, dejan huella en nosotros, ¡ es inevitable!  Nos hacen ver la vida con otra perspectiva, valorar cosas que antes no valorábamos, darle menos importancia a otras que en nuestra juventud nos traían de cabeza… En definitiva, nuestro orden de prioridades en la vida cambia, y quien diga lo contrario es que no ha vivido.

Ese es el principal motivo para embarcarme en esta aventura, poder compartir mis reflexiones sobre el trabajo social con todos vosotros.